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Reto: Plot a twist
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Plot a twist de abril: El caballero de brillante armadura

1/6/16


¡Hola hola! Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que publiqué aquí, lo siento mucho pero es que he estado hasta arriba de cosas de la uni. Poco a poco voy llegando al final de la carrera, ya solo queda un trabajo y listo. Así que con suerte me volveréis a tener publicando cada dos días y con las musas a tope jajajajaja. Pero hoy he decidido traer el Plot a twist de abril que no pude hacerlo en ese mes. Además, ya estamos en junio y la autora aún no ha publicado el bloque de inspiración de mayo, así que no hay prisa. La frase con la que nos teníamos que inspirar es con la que comienzo el relato, a ver si os gusta.


A veces, lo último que necesitas es un caballero de brillante armadura. Y otras, es justamente lo que necesitas... Claire Robinson acababa de ser despedida de su escuela de ballet y se encontraba sola, sin dinero y lejos de casa en la gran ciudad de Nueva York. No podía decirse que tuviera amigas porque todas sus compañeras la envidaban por su bellísima actuación del Lago de los Cisnes y tampoco es que conociera a nadie más fuera de la academia porque su profesión no la dejaba tener apenas vida social. Así esa tarde la pasó empaquetando sus cosas, ya que el piso donde vivía pertenece a la compañía de baile y ahora que la habían echado, tenía que abandonar el apartamento. Estaba llorando, deprimida y triste porque su sueño se había roto, cuando recibió la llamada de Craig, otro bailarín al que había conocido en una actuación. El chico no tenía mucho tiempo para hablar porque tenía ensayo, pero le contó rápidamente a Claire que se pasara por la mañana del día siguiente para una audición en su academia, ya que sus profesores se habían enterado de su despido y querían contratarla inmediatamente. Por eso Craig se convirtió en el caballero de brillante armadura de Claire.

Plot a twist! de marzo - Persiguiendo el Nobel

20/4/16

Sí, ya sé que en el título pone Plot a twist de marzo y que estamos en abril, no es un error. Y el Plot de abril intentaré subirlo la semana que viene cuando la autora ya haya añadido el bloque de inspiración para ese mes ;) Una de las razones por las que en marzo no pude hacer este reto fue que ninguno de los elementos que la autora propuso lograron inspirarme algo realmente. Pero me puse manos a la obra y creo que conseguí un poco de inspiración de las tres cosas, como en el relato de febrero Los hermanos Anori. La imagen me inspiró naturaleza, ecología... La música algo fantasioso, un sueño, un deseo.... Y la frase fue el verdadero detonante, era así:

Alguien ha robado a tu personaje. No una pulsera o un iPod, sino algo por que merece la pena meterse en problemas: un diario, una canción, un hechizo, una fórmula...

La historia me quedó larguísima, hay 5 páginas de Word, espero que no se desanimen por el tamaño y se pongan a leer porque creo que os podría gustar, o eso espero jajajaja. ¿Podéis sugerirme otros títulos para la historia?

Persiguiendo el Nobel

El Doctor Rodgins había salido tarde de la empresa, trabajaba en un laboratorio químico de una gran multinacional que quería conseguir lo imposible: salvar el planeta de la polución utilizando un potente y secreto líquido como combustible que no contamina. El doctor llevaba trabajando en esto desde que se graduó summa cum laude en la Universidad de Harvard con 22 años. Ahora tiene 36.

A pesar de los años que han pasado, el doctor no se ha rendido ni ha cesado en su intento, y, aunque sus obligaciones como padre y profesor le mantengan ocupado la mayor parte del día, siempre encuentra unas horas que dedicarle al día... o la noche. Como en esta ocasión que habían pasado de las doce de la madrugada y aún no había llegado a casa.

El trayecto no duraba más de diez minutos y ya podía sentir sobre él la mirada de reproche de su mujer por llegar tarde, por no llamar y avisar, por dedicarle tanto tiempo a una fantasía imposible. Su mujer, Dayana, no era química ni entendía nada de lo que su marido hacía para ganarse la vida. Sí que entendía la importancia que tendría para el mundo si lo lograba, pero habían pasado tantos años que ahora le parecía una locura irrealizable y comenzaba a desesperarse cada vez más porque últimamente su marido estaba más entusiasmado de lo normal, gritando que por fin lo había logrado y era 100% ecológico y fiable. 

Si fuera la primera vez que Dayana escuchaba esas palabras, se las hubiera creído. Pero no era la primera vez que Rhys fallaba y hacía el ridículo delante de todos sus compañeros, a los que en algún momento había considerado amigos. Esa fue una de las principales razones por las que decidió trabajar solo, si no le contaba nada a nadie, nadie podría reírse de sus errores. Y a pesar de que era el mejor haciendo su trabajo, sus jefes comenzaban a impacientarse porque Rhys le dedicaba demasiadas horas a un proyecto que no daba beneficios, todo lo contrario, provocaba pérdidas porque el doctor utiliza los recursos de la empresa para su fin.

«Estoy llegando a casa, te quiero.» escribió el doctor antes de subirse a su coche. Dejó su maletín en el asiento del copiloto y se disponía a ponerse el cinturón de seguridad cuando alguien le agarró por detrás. 

Rhys suplicó por su vida, ofreció dinero a cambio de que le dejaran en paz, pero el hombre que le sujetaba la cabeza no cesaba de preguntar lo mismo: «¿Dónde está el informe de tu pequeño proyecto?». El doctor no podía creérselo, ¿le estaban preguntando por su trabajo? 

—¡Oye! —increpó Rhys al hombre que tenía detrás—. No tengo nada aquí, está todo dentro de la oficina, te lo juro. Si me sueltas te puedo conseguir lo que quieres, ¿vale? No lo tengo aquí.

—Bien... —respondió el hombre con una voz más ronca, como si intentara ocultar su propia voz— Abre la puerta con mucho cuidado, me bajaré detrás de ti. Si haces alguna estupidez como gritar o correr, te rajo la garganta, ¿lo entiendes?

—Entendido, tranquilo...

Rhys abrió la puerta como el hombre le había indicado, se bajó del coche y quedó frente a frente con su atracante que llevaba un pasamontañas y notó que también tenía un cuchillo de grandes dimensiones en su mano. En ese momento recordó su pequeña discusión con Dayana acerca de no tener armas en casa, que era peligroso para los niños y que no les hacía falta. Rhys no estaba de acuerdo, sentía que un arma era idónea para proteger a su familia y en este momento para protegerse a él mismo. Pero finalmente ganó Dayana y Rhys nunca obtuvo su licencia ni compró ningún arma de fuego, ni siquiera tomó las clases de tiro que le había pagado un amigo porque su mujer seguía pensando que era peligroso. 

Caminaron hasta la entrada de la empresa, el vigilante de seguridad terminaba su turno a las 00:15 y el siguiente guardia no llegaba hasta las 00:30. Normalmente siempre habían dos y la entrada nunca se quedaba sin vigilar, pero los recortes por falta de presupuesto había recortado la plantilla, de hecho por culpa de su proyecto, Rhys había estado en la cuerda floja durante meses y cuando despidieron a muchos de sus compañeros, su trabajo aumentó y eso significó posponer su proyecto hasta terminar todo lo que tenía que hacer durante el día. Y parte de esa plantilla también la formaba el equipo de seguridad, de dos pasaron a uno y durante el día la empresa no se quedaba ni un solo momento sin seguridad, pero cuando todos los trabajadores han salido, el guardia cierra y se va. Y si pasa algo es problema del otro que llega tarde.

Sin duda mañana tendrían que dar muchas explicaciones a los jefes. Rhys llegó a la planta 11 donde trabaja, guió al atracador hasta su despacho de paredes de cristal y, sin pensarlo dos veces, atacó con una probeta llena de ácido sulfúrico. Como mucho lo dejaría un poco ciego y le quemaría la piel, pero no lo mataría, tenía que salir corriendo de ahí si quería sobrevivir. 

Llamó al ascensor que abrió sus puertas justo antes de que el atracador pudiera llegar, bajó a la entrada y activó la alarma. A los pocos segundos apareció el guardia de seguridad que se preguntó qué estaba pasando. El muchacho desefundó su arma y escoltó a Rhys hasta la salida. La policía llegaría en cualquier momento, así que no podía irse todavía. Se quedó detrás de la mesa del guardia de seguridad, donde están las cámaras de vigilancia. Desde allí podía ver todo.

De pronto Rhys vio una sombra moverse detrás del guardia de seguridad a través de las cámaras. No estaba muy seguro, pero gritó «¡CUIDADO!» en caso de que fuera el atracador. El guardia escuchó el grito y se giró, pero lo único que pudo ver fue el cuchillo de un hombre con el rostro deforme clavándose en su pecho.

Rhys corrió a la puerta, pero el guardia la había cerrado utilizando el código de seguridad, así el intruso no podía salir. Ahora que Rhys sabía que ese hombre era capaz de matar, temió por su vida y corrió por un pasillo que daba a un almacén donde estaban muchos productos etiquetados para abastecer a la empresa. La puerta estaba cerrada pero cada trabajador tenía su código y podía entrar. La puerta se abrió y Rhys pudo entrar y cerrarla en el momento en el que su atracador apareció por el pasillo.

Cerró la puerta por dentro y buscó la manera de llamar a alguien. La policía ya estaba de camino, pero le grabó un mensaje a su mujer y a sus hijos. Rezó y suplicó por su vida y finalmente escuchó las sirenas de los coches de policía. Las patadas en la puerta, intentado abrirla, cesaron y luego no se escuchó nada más durante unos minutos. 

Cuando Rhys escuchó más voces dentro del edificio supo que la policía había entrado y se decidió a salir. Se dirigió a la policía con las manos en alto y enseguida explicó que él era la víctima, que lo habían atracado y que el asaltante no podía estar lejos. La policía confirmó que era Rhys Rodgins y que trabajaba en ese edificio, así que le interrogaron, unos médicos le examinaron en una ambulancia y luego registraron su coche en busca de huellas o cualquier cosa que les pudiera llevar hasta el ladrón y asesino. Tuvieron que confiscar su vehículo y fue entonces cuando Rhys pidió su maletín y la policía le dijo que no había ningún maletín en el interior del coche.

***

—Muy bien, Tommy. Haz que te miren esa cara, por el amor de Dios. Tendrás tu parte del dinero cuando todo esto acabe. Te llamaré si necesito algo más.

—Sí, jefe —contestó Tommy, el atracador.

Su jefe era el señor S. de Sullivan. El señor S. había sido un prestigioso químico hasta que hace diez años, Rhys le arrebató un premio de la Asociación Química de Estados Unidos. No tiene tanto reconocimiento como un Premio Nobel, claro, pero es un gran paso. Desde entones Sullivan se obsesionó con Rhys, investigó todo acerca de su vida, sus horarios y lo más importante: su pequeño proyecto.

Ahora que S. tenía delante el maletín con todas las anotaciones de su rival y más papeles que Tommy consiguió de su despacho antes de bajar por las escaleras y matar al guardia, podría comenzar a desarrollar él mismo el proyecto de Rhys. Además, S. se había vuelto millonario a base de negocios con gente peligrosa, inversiones y otras empresas que tenía a su nombre. Así que él no escatimaría en gastos para conseguir en unos meses lo que a Rhys le llevaría más años. Su plan era comprar la patente, llevarse el Nobel y recuperar su dignidad entre sus colegas.

***

—Dayana, olvídate de que soy tu marido por un momento —expuso Rhys después de llegar a casa sano y salvo y de contarle todo lo sucedido a su mujer— y piensa en mí como un cliente, ¿qué me aconsejarías hacer desde tu experiencia como abogada? —rogó Rhys con las manos de su mujer entrelazadas en las suyas.

—Rhys... Tengo que repetirte lo mismo: debes dejar que la policía haga su trabajo. Encontrarán a quién te agredió y robó los papeles del proyecto, ya lo verás. Además, lo que se llevaron eran las anotaciones a mano, ¿no? Sigues teniendo todo lo importante grabado en la memoria del ordenador, eso no se lo han llevado, ni siquiera pensaron en eso...

—¡ESO ES! —exclamó Rhys y su mujer le tapó la boca para que no siguiera gritando porque iba a despertar a sus hijos— Perdona cariño, pero es que acabas de recordarme una conversación que tuve hace tiempo con un tipo... Al principio dudé en hablar con él, pero parecía tan confiado y seguro de sí mismo que me transmitió confianza enseguida y empecé a hablarle sobre mi trabajo, no sé porqué le dije que estaba a punto de dar con la fórmula perfecta para terminar el proyecto y poderlo presentar a la Oficina de Patentes... y... bueno, le mostré mi cuaderno de notas...

—¿Cómo que le mostraste tu cuaderno? —demandó Dayana intentando conseguir más información.

—Sí, yo estaba tan emocionado... Acababa de salir del laboratorio y todas las pruebas de calidad habían salido bien, estaba ilusionado porque era la primera vez en años y posiblemente fuera la definitiva. Y... no lo sé, tenía el cuaderno en la mano y simplemente lo abrí y le enseñé algunos de los bocetos. Quedó maravillado, me felicitó y me deseó suerte... Ahora que lo pienso, ¿pudo ser él no? ¿Quién más podría ser?

—No lo sé, ¿qué tal alguien de la empresa? ¿alguien que quisiera llevarse el mérito de tu trabajo?

—Lo dudo, mis compañeros no piensan que sean un proyecto relevante, me tachan de loco, lo sabes. Y mis jefes saben que se llevaran una parte de los beneficios, ya que he realizado todo el proceso utilizando las herramientas de la empresa. Además, con el atraco han sufrido muchas pérdidas económicas y mala prensa, no se hubiesen arriesgado tanto para conseguir algo que iban a conseguir de todas maneras...

—Entonces, solo nos queda nuestro hombre misterioso... —sentenció Dayana antes de abrazar a su marido hasta que ambos se durmieron.

Pero Rhys se despertó a los pocos minutos, no podía descansar después de todo lo que había vivido esa noche. Se levantó y a llamó a sus jefes, sabía que no iban a estar contentos de hablar con él, pero les pidió un favor... y, lejos de lo que imaginaba, sus jefes aceptaron y le pidieron reunirse con él por la mañana.

***

Sullivan había comprado una serie de maquinarias específicas para poner en marcha la construcción del proyecto, el pequeño motor que sería capaz de funcionar por sí solo, sin corriente ni ningún tipo de combustible tóxico. Además, como él no estaba interesado tanto en los beneficios económicos o en el medio ambiente como en conseguir el Nobel y aparecer en los libros de Historia, bajaría los precios para que fuera asequible para todos los bolsillos y con ello no tener competencia. Pues, para el momento en el que otras empresas se pusieran manos a la obra a copiar el producto, este ya habría recorrido medio mundo y habría sido comprado por millones de personas. Cualquier otra marca lo tendría más difícil para competir contra Sullivan y sus precios bajos con un producto, gracias a su rival Rhys, de altísima calidad.

Pero el frustrado químico que se había obsesionado con el doctor Rodgins no las tenía todas consigo, de pronto recibió una llamada de un amigo que tenía en la policía. Decía que habían descubierto a Tommy y que tenía que darse prisa en sus planes o de lo contrario acabarían por relacionarlo con él y pronto estaría en busca y captura.

A pesar de la mala noticia, el doctor Sullivan Belin no era el típico hombre que se rendía a la primera adversidad, ni siquiera dejaba que perturbara su tranquilidad. Armó el aparato con suma maestría, creó la fórmula que le llevó varias horas e intentos, ya que las notas de Rhys no eran perfectas: ¡faltaban las notas actualizadas! Las notas con las que trabajaba Sullivan tenían fecha de hacía dos semanas, pero Rhys debió corregir algo de esa fórmula fallida y no lo anotó, posiblemente porque ese cuaderno no era el único lugar en el que Rhys escribía sus avances.

¡Estúpido Tommy! Deja que le quemen y que le pillen y ni siquiera supo hacer su trabajo bien. Esta vez los nervios le traicionaron y rompió un vaso en sus manos. Tuvo que limpiarse la herida y recoger los cristales con resignación mientras pensaba en la fórmula. No era posible que Rhys fuera más inteligente que él, si Rhys había podido lograrlo, él no sería menos que esa escoria rubia. Se dispuso a rehacer él mismo la fórmula, como buen químico que era, descubrió una pequeña cantidad de un químico corrosivo que acababa estropeando la máquina. 

Lo había logrado, pero había pasado el día entero en ello y ya estaba cansado. Llevó el líquido al pequeño motor que había sobre la mesa y... funcionó. Pero, inesperadamente, comenzó a hacer un ruido extraño, como el zumbido de una abeja, y luego empezó a salir humo del motor. Sullivan maldijo al doctor Rhys, tiró de una patada la mesa que tenía delante y salió de la sala exasperado, mañana lo intentaría de nuevo. Ahora necesitaba emborracharse y recostarse.

***

Mientras Sullivan había pasado el día entero intentando descubrir qué se le había pasado por alto, Rhys se había reunido con sus jefes, les había explicado lo del robo y que tenía la fórmula que pensaba que era la definitiva. Pero antes de continuar, sus jefes querían una prueba y Rhys estaba tan seguro que se la jugó utilizando su producto en el motor de un coche y conduciéndolo por todo el aparcamiento de la empresa. Y así lo hizo.

Sus jefes quedaron maravillados, estrecharon manos y firmaron un acuerdo para su futura venta en la Oficina de Patentes en las que explicaban que ellos se llevarían el 70% y Rhys el 30%. No le pareció justo al principio porque él era quien le había dedicado más de diez años de su vida a ese proyecto que finalmente había funcionado: un coche totalmente ecológico que derivaba a cualquier tipo de máquina. Pero estaba tan feliz y tan preocupado de que la persona que le había robado sus notas se le adelantara, que no lo pensó dos veces. De todas formas, si tenían éxito, un 30% sería un montón de dinero.

Para la noche Rhys volvió a casa, saludó a los agentes de policía que protegían su casa desde el robo y cenó con su familia.

***

Al cabo de ocho meses, Rhys había conocido por fin el éxito y al causante del robo: Sullivan o el señor S. Al principio su cara y su nombre le resultaban familiares, luego recordó el premio al que ambos habían estados nominados y supo que fue ahí donde sus caminos se cruzaron, para su desgracia. 

Pero como si el destino se estuviera riendo de estos dos químicos, se anunció quién sería el galardonado ese año al Premio Nobel y era el doctor Sullivan Belin. Obviamente, al enterarse de sus actividades delictivas, los organizadores del Premio tuvieron que retirar a Sullivan y concederle el premio a otro químico, e, ironías de la vida, el elegido fue Rhys Rodgins.

De no haber sido por los líos en los que Sullivan se metió para intentar superar a Rhys, habría conseguido su ansiado Nobel y su ansiado reconocimiento social. Ahora en cambio solo era un convicto más, junto a Tommy.

Plot a twist! de febrero - Los hermanos Anori

17/2/16

¡Hola hola! ¿Os acordáis del reto Plot a twist que organiza el blog Eleazar Writes? Es el mismo blog donde conocí el reto ¡Yo escribo! que acabé a principios de este mes. Este reto tiene una duración de 6 meses ya que consiste en publicar, cada mes, un relato inspirado en cualquiera de las 3 opciones que la autora nos facilita: una imagen, una frase o una canción. Para el mes de enero elegí inspirarme en la imagen y creé el relato Los últimos latidos de Faviola que más tarde convertiré en relato largo o novela. Y este mes, como soy muy cabezota, he encontrado una fantástica relación entre las tres opciones y he creado un relato mientras escuchaba la canción de fondo y miraba la imagen y la frase la he escogido para que sea el detonante del principio del relato.

La frase → Te despiertas gritando en medio de la noche.
La imagen → Aquí.
La canción → Aquí.


LOS HERMANOS ANORI

Me desperté gritando a medianoche con un mal presentimiento en el cuerpo y con la respiración agitada. Esa noche había una tormenta de nieve con vientos que superaban los 100 kilómetros por hora y sabía que ahora mismo mis dos hermanos estaban comenzando su ritual de iniciación para convertirse en hombres lobo.

Se supone que yo, la hermana mayor, no debía de ayudarles en los días previos. Y para evitar distracciones, mis hermanos llevaban dos días en el bosque, sobreviviendo como humanos hasta la luna llena, que era hoy. Pero desde niños, Singajik, Arkaluk y yo hemos tenido un vínculo especial que nos permite saber cuando uno de nosotros está en peligro.

Como yo soy la mayor de los tres, fui la primera en descubrir este vínculo con Singajik cuando él tenía cuatro años y yo seis. Sentí un escalofrío por toda mi espina dorsal y, sin querer, solté un gruñido. Luego escuché a Singajik llorando en la habitación de al lado porque se había caído intentando alcanzar un juguete. Varios años después, cuando nació Arkaluk, los dos pudimos sentir la conexión con nuestro hermano pequeño y descubrimos que para Singajik se manifestaba en forma de garras, que le crecían al mismo tiempo que se afilaban sus colmillos y el color de sus ojos se tornaba amarillo. Y Arkaluk lo descubrió cuando tenía doce años y yo tuve un pequeño accidente con la moto de nieve, describió un terrible dolor en su pierna derecha y una sensación de adrenalina que le recorrió todo el cuerpo y lo hizo estremecerse, en ese momento supimos que su conexión con nosotros era todavía más especial, pues al caerme de la moto me había hecho daño precisamente en mi pierna derecha, así que Arkaluk era capaz de sentir lo que Singajik y yo sentíamos en el momento de estar en peligro.

Por eso, para mí, despertarme en medio de la noche con un escalofrío y gritando, solo significaba una cosa: estaban en peligro. Y eso hacía ponerme más nerviosa de cara a lo que ocurriría, o debía de ocurrir, esta noche. Si Singajik y Arkaluk no lograban cambiar a su forma lobuna esta noche, era probable que nunca pudieran hacerlo, pues a medida que envejecemos nuestro poder va muriendo y acabamos con un alma de lobo encerrada en un cuerpo humano. Y si lo hacían y antes del amanecer, no volvían a su forma humana, también era probable que se quedaran como lobos el resto de sus vidas. Y eso tampoco era vida, además me angustiaba, pues en nuestra cultura está mal visto no poder controlar los cambios de forma, Singajik ya falló en su primera vez, y si mis hermanos fallaran esta noche, seríamos repudiados, los tres. Pues el honor de la familia, a pesar de ser Anori y a pesar de que yo sí controlo mis cambios, estaría manchado para siempre y tendríamos que mudarnos a otro lugar.

Me levanté de la cama y busqué mi abrigo, iría en moto hasta el bosque para intentar buscar a Singajik y Arkaluk, desobedeciendo así la norma de no interferir en su transformación. Pero primero debía de encontrarlos y no sabía donde podrían estar, solo que estaban en peligro y eso era suficiente para ponerme en marcha. Antes de salir de mi casa, miré al fondo del pasillo, donde se encontraban sus habitaciones y recé porque estuvieran bien, aunque mis instintos me decían lo contrario.

Tomé aire antes de abrir la primera puerta y ser empujada por una gran corriente de aire gélido. Logré dar un paso y salir, pero todavía quedaba otra puerta, la que me separaba de la tormenta. En esta zona de Groenlandia suelen congelarse las puertas todo el año y en pocos segundos, así que al construir la casa, mi padre hizo dos, por si una se congelaba y no podíamos cerrarla.

Mi padre también tuvo en cuenta muchos detalles a la hora de construir nuestro hogar para mantener el máximo aire caliente dentro posible, aunque como lobos podíamos recorrer kilómetros con nuestro pelaje sin sentir frío, como humanos éramos más débiles y sensibles a él.

El rugido de la moto de nieve espantó a una pareja de bisontes que estaba cerca, dejé la moto cerca de los árboles donde el bosque comenzaba y me adentré en él usando mi olfato para ubicarme. Recorrí varios metros siguiendo un fuerte olor que me resultaba familiar, pero que no era el de mis hermanos y entonces pude sentir el olor a sangre y carne y empecé a correr en esa dirección.

El olor seguía sin ser el de mis hermanos, eso era buena señal, pero sí podía asegurar que la sangre era de lobo. Era inconfundible, era de nuestra raza. Seguí corriendo tanto como mis piernas de humana me lo permitieron y pronto mis pupilas vislumbraron un pelaje anaranjado en la nieve, con sangre alrededor y me acerqué lentamente, estudiando el terreno.

Entonces lo supe, sin necesidad de ver de cerca el cadáver, supe que se trataban de los musk ox. Los musk ox tienen unos cuernos con los que embisten a sus presas y con los que se defienden si se sienten atacados. Este pobre lobo que debería de estar también en su rito de iniciación, debió de enfadarlos y acabó desangrado en la nieve. 

Pero entre el característico y desagradable olor de los musk ox, pude sentir el de Singajik y Arkaluk. Y después de asegurarme de que no hubiese peligro, salí de entre los árboles y seguí el camino que habían seguido mis hermanos, vi unas huellas de botas y las identifiqué como las de Singajik y me emocioné, al menos seguían vivos y no podía ver manchas de sangre alrededor de sus huellas, eso también era otra buena señal.

Unos metros más adelante las huellas de botas cambiaron por patas y entendí que finalmente habían hecho su cambio a lobos. Los dos. Como Singajik había fallado en su primer intento de convertirse a lobo, toda nuestra raza se había reído de él y eso había afectado a Arkaluk, que se presentaba por primera vez. La única razón por la que cesaron las risas y los insultos es porque yo soy Naaja Anori, hija del gran Nilak Anori que para todos había sido un héroe en el pueblo, ya que había salvado a nuestra raza en la lucha contra otras razas, entre ellas los musk ox. La noche en la que Singajik falló su prueba yo me presenté frente al Consejo de lobos donde determinaron que por ser un Anori, y por saber que yo era una loba de gran nivel, permitirían un solo intento más. Sonreí aliviada al saber que habían logrado su transformación y que no seríamos repudiados ni desterrados. 

Y ahí estaban, las huellas de Singajik y de Arkaluk en la nieve, con sus grandes patas de lobo. Me moría por saber de qué color era su pelaje, qué tamaño tendrían y cómo sería correr con ellos en nuestra forma lobuna. Ese pensamiento me sacó otra sonrisa que enseguida se borró en cuanto llegué a un claro donde pude ver a mis hermanos frente a una manada de musk ox. 

De pronto sentí como si todo eso ya lo hubiera vivido y formara parte de un sueño, pero no era un sueño, era una pesadilla que podía volver a repetirse si no hacía nada para impedirlo, pero mis músculos no me respondían y mi mente quedó bloqueada recordando el mismo momento en el que otra manada de musk ox acababa con la vida de mis padres, Nilak y Nuiana.

Sentí el calor de dos lágrimas bajar por mi rostro y luego reaccioné, saqué lentamente un cuchillo de mi bota derecha y agarré con fuerza el mango, rodeé a la manada sin acercarme demasiado porque podrían olerme, si es que no lo habían hecho ya. Me situé justo detrás del que estaba más próximo a mis hermanos, y esperé a ver qué pasaba. No era tonta, estaba en desventaja, y quería asegurarme de que todo salía bien, por eso no podía empezar a atacar sin saber qué se disponía a hacer el que parecía el líder de la manada, aunque me daba miedo descubrirlo cuando ya fuera demasiado tarde.

Finalmente el musk ox se dio por vencido y empezó a caminar sin volver la vista atrás, entendió que ni Singajik ni Arkaluk eran un peligro y prefirió evitar una pelea innecesaria. Los pobres todavía eran unos cachorros. Al líder le siguió el resto de la manada, que en unos pocos metros dejaron de verse a causa de la niebla. 

Respiré hondo y metí mi cuchillo de nuevo en la bota, y antes de poder volver a levantar la cabeza, sentí un gran lametón en la cara. 

—Hey Sin, ¡felicidades! —exclamé acariciándole el hocico— Te has convertido en lobo.

—¡Arka! —grité cuando el pequeño se acercó a lamerme las manos. Le acaricié la cabeza y me separé de ellos.

Cerré los ojos, me concentré y en unos segundos me había convertido en loba. Mi pelaje era gris, el de mis hermanos era blanco como la misma nieve y corrimos de vuelta a casa donde ya nos estaban esperando los lobos que formaban parte del Consejo. Seguramente mi presencia allí, en el bosque y en mi forma lobuna, no era lo que esperaban ver y el líder se decepcionó bastante cuando me vio. Pero otro hombre lobo, de unos treinta años y rubio, se acercó al líder y le dijo algo al oído. Entonces sonrieron y todos gritaron hurra, se alegraron de que tanto Singajik como Arkaluk lo hubieran conseguido y nos dejaron entrar a casa a descansar donde recuperé enseguida mi forma humana. Mis hermanos tardaron un poco más en averiguar cómo se conseguía, aunque finalmente se transformaron sin problemas antes del amanecer.

—Os espera un duro entrenamiento, chicos —dije a la mañana siguiente cuando les llevé el desayuno—. Y será duro, porque os enseñaré lo mismo que papá me enseñó a mí cuando aprendí.

Desde esa mañana mis hermanos y yo organizábamos juegos y peleas falsas donde nos pasábamos el día en nuestra forma lobuna, aprendieron a cazar, aunque nunca mataron a ningún animal, ya que saciábamos nuestra hambre como humanos y de forma totalmente vegetariana, aunque pueda sonar raro, así es cómo nos hemos alimentado siempre los Anori. Y lo más importante, aprendieron a controlar los cambios de forma y a no dejar que la luna llena les afectase controlando la agresividad que el satélite provoca en ellos. Nunca supe qué le había dicho el hombre lobo rubio al líder del Consejo, pero nunca recibí una amonestación por haber interferido en el rito de iniciación, pero supongo que simplemente alguien habría visto cómo mis hermanos se transformaron antes de que yo llegara, pues no era de extrañar que muchas veces se escondieran hombres lobo de nivel superior a vigilar las posibles trampas.

El origen de los nombres utilizados para este relato son inuits y aquí os dejo su significado:

Singajik - lobo amarillo. 
Arkaluk - hermano pequeño. 
Naaja - gaviota. 
Nilak - bloque de hielo. 
Anori - viento.
Nuiana - pequeña nube. 
Los nombres los he sacado de aquí.

Plot a twist! de enero - Los últimos latidos de Faviola

24/1/16



¡Hola hola! He decidido apuntarme a un reto de escritura más, yeah, y aunque no quería publicar hoy, he decidido hacerlo porque recordad que el lunes se publica el primer capítulo de Baile de lenguas (qué ganas de leer vuestras primeras impresiones) y a partir del lunes voy a dejar unos días libres, sin publicar, para que el capítulo ocupe la página principal durante más tiempo. Y si dejaba pasar más días sin apuntarme al reto se me acababa el mes y este reto va por meses jajajaja.

Total, una explicación innecesaria pero quería sacar el tema de Baile de lenguas para recordároslo. Bien, Plot a twist! es un reto de Eleazar Writes y puede que os suene porque llevo varios meses subiendo otro reto de la autora, el reto ¡Yo escribo! para el que tan solo me quedan dos preguntitas por contestar. Plot a twist! en español significa algo así como "vuelta de tuerca" y se refiere a los giros argumentales en una obra, pero en realidad el reto consiste en otra cosa.

Durante los siguientes seis meses que durará el reto, Eleazar publicará tres bloques que nos sirvan de inspiración (una imagen, una frase y una canción) y a partir de ahí tenemos que crear un relato. No hay extensión mínima ni máxima, y cada mes habrá tres nuevos bloques que nos servirán para crear un nuevo relato. Y así durante los siguientes seis meses, es decir, hasta junio. Aunque lo bueno de este reto es que podemos apuntarnos cuando queramos y hacer los seis relatos juntos si queremos, pues tampoco hay límites de publicación, ni siquiera es obligatoria su publicación en nuestros blogs porque está pensado como un reto para ayudarnos a desbloquear nuestra imaginación.

Para el mes de enero, como he dicho, hay tres bloques, la primera es una imagen y es la que voy a usar para crear el relato porque ni la frase ni la canción lograron inspirarme.


LOS ÚLTIMOS LATIDOS DE FAVIOLA

El despertador sonaba como cada mañana y Faviola se levantaba apurada para apagar el aparato que se encontraba en la mesa de su escritorio. Desde allí observó la claridad que se colaba por su ventana, se acercó un poco más a esta y pudo ver a su vecino de enfrente regar el césped del jardín.

Su barrio era uno de esos barrios de las afueras donde todo el mundo presume tener más dinero del que tiene, y por alguna extraña razón, tener un césped bien cuidado era símbolo de tener más poder adquisitivo. Así que su vecino de enfrente no era el único que había amanecido más temprano para regar las plantas y cortar las malas hierbas. 

Después de asearse y ponerse su ropa de entrenar, salió de su habitación a reencontrarse con su familia. Faviola vivía sola desde hacía cuatro años, era económicamente independiente, salvo el coche, que lo pagaba su padre porque ella no podía permitírselo con su sueldo como entrenadora en un gimnasio. Pero al menos dos o tres veces al año, su familia viajaba varios kilómetros para reunirse con su hija y pasar ciertas fechas en familia. Normalmente es la persona que ha salido fuera la que vuelve a casa en las fechas señaladas, pero la familia de Faviola no era una familia corriente.

Desayunaron juntos en la mesa del pequeño salón, el hermano de Faviola, Julio, la molestaba con algunas bromas sobre su estado físico. Era cierto que la chica había engordado unos kilos debido a una ruptura, pero lo estaba superando y había logrado bajar los kilos subidos en poco tiempo, debido a su profesión, estaba todo el día haciendo ejercicio, así que realmente no había sido un problema, pero la acomplejaba igualmente. 

Faviola le dio una pequeña colleja a su hermano al pasar por su lado de camino a la cocina. Dejó allí su plato y tomó una botella de agua que había dejado enfriando en el frigorífico. Luego se dio media vuelta y salió de casa. El entrenamiento se hizo duro a medida que iba saliendo el sol, las temperaturas por esas fechas rozaban los treinta grados a plena sombra y era complicado ejercitarse en esas condiciones.

En menos tiempo del usual, la botella de agua se había quedado vacía, y la entrenadora había quedado agotada. Así que decidió volver a casa más temprano, sin llegar a acabar su meta diaria de diez kilómetros. Además, sus padres volverían ese mediodía a su casa, así que aprovecharía eso como excusa para volver antes y pasar más tiempo con ellos. 

Sus padres agradecieron el gesto, no tanto su hermano Julio que volvió a picarla diciendo que había vuelto tan pronto porque ya no estaba en forma. A Faviola le molestó ese comentario más de lo que le habían molestado los anteriores porque había algo de razón en él. Pero le ignoró porque no buscaba crear un conflicto con su hermano, al fin y al cabo él lo hacía como broma y no veía lo importante que era para ella. Solo era un crío de quince años.

Después de una larga ducha la familia pasó la tarde entre juegos de mesa, confesiones, risas, más bromas, rica comida y muchas bebidas frías. Finalmente, Ricardo, el padre de Faviola, decidió salir más tarde de casa de su hija para evitar atascos y sobre todo, para evitar conducir bajo ese sol abrasador. No fue hasta las siete de la tarde que recogieron sus cosas y marcharon felices, pues habían pasado unas semanas maravillosas en la compañía de su hija, que era una excelente anfitriona y les había llevado a varios lugares que se habían convertido en tradición cada vez que la visitaban: cenar en la pizzería Da Angelino, pasear por el Parque de La Sal, y recorrer el paseo marítimo mientras se tomaban un helado. Y para rematar, la foto frente a la estatua de San Nicolás, que para ellos tenía una gran carga sentimental porque el abuelo paterno de Faviola se llamaba así.

Ahora que su casa estaba en absoluta tranquilidad, Faviola decidió pasar un rato viendo una de sus series favoritas sobre policías. La chica adoraba todas las películas y series que fueran policíacas y hubiera un caso por resolver, sobre todo las que se centraban en un caso en especial y toda la trama giraba en torno al asesinato. Porque sí, si no había asesinato de por medio para Faviola no era tan interesante. Cuando el capítulo terminó, miró por la ventana y aún hacía sol, así que puso otro capítulo más antes de volver a salir a completar sus diez kilómetros diarios.

Tres episodios más tarde, la joven ató sus cabellos en una cola alta, cogió otra botella de agua y salió a hacer el mismo recorrido. De pronto recordó que los delincuentes que vigilan a sus víctimas usan sus patrones para saber cuando están a solas o cuando están más expuestas a un secuestro, un robo, una violación o un asesinato. Pero era absurdo que alguien la quisiera matar a ella, y menos en ese barrio, así que siguió por su camino de siempre y volvió a casa pasada media hora.

Satisfecha con sus resultados del día, pues había logrado acabar su meta y no estaba tan agotada como lo había estado por la mañana, se dirigió a la cocina a prepararse la cena. Cenaría algo ligero y luego se daría una ducha, pero después de prepararse su plato de verduras cocidas, vio una nota sobre la mesa del comedor que llamó su atención. Pensó que sería de su madre Noelia, ya que era muy cariñosa y solía tener ese tipo de detalles, pero juraría que antes de salir de casa eso no estaba ahí. Se acercó a leerla y pudo comprobar que no se trataba de su madre:

«Vas a morir» rezaba el primer párrafo y a Faviola se le hizo un nudo en el estómago «No vas a poder evitar que una noche entre a tu casa y te ataque, o que lo haga en el parque que frecuentas para correr y hacer tus ejercicios como has hecho hoy». La joven levantó la mirada del papel asustada, observó a su alrededor, en busca de algo sospechoso, todo estaba a oscuras salvo por la luz de la cocina que alumbraba los pocos muebles del salón. Ahí no había nada ni nadie más, y la joven se confió y corrió hacía el teléfono que tenía delante y marcó el número de la policía antes de seguir leyendo el último párrafo. «No estás segura en ningún lugar, te seguiré allí donde vayas y te encontraré si te escondes, y al final... te mataré».

Tengo pensado convertir este relato en una novela corta, de unas 60-70 páginas. Pero de momento seguiré con la escritura de Baile de lenguas y otras novelas que conocéis y que están a la espera.
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